Feliz cumple, Yeraldí

Cuando pisé las tierras de esta familia, recuerdo un potrero grande con algunas palmas dispersas y troncos de árboles calcinados. Bajo la sombra de un guayabo, un toro negro con la mano partida.  En un cerco, buitres gigantes con las alas abiertas aprovechaban los últimos rayos del sol. Al poco tiempo, una gran arquitectura rosada sobre zancos, merecedora de un hombre que sabe aserrar madera y vive entre mujeres.
Abajo de la casa, patos, gallinas, cerdos y perros hacen ruido a nuestra llegada. En la escalera se deja el barro de las botas. Arriba, desde el corredor se ve el lomerío y parte del camino que acabamos de recorrer. 
Estamos en alguna vereda de la zona del Departamento del Caquetá, llamada "entre ríos" Nos reciben con  gallina asada, aguacate, ensalada, ají, patacón, arroz y jugo de mango en leche. 
Conversamos con su esposa y sus hijas de 9 y 14 años, sobre nuestra travesía de ocho días. Finalmente las mujeres me ofrecen una cama; rodeada por un toldillo rojo que cuelga del techo y me evoca pasión, no imaginé que sería la primera de muchas noches que comería y dormiría en este lugar. 
A luz del día, desde tiestos y vasijas reluce un jardín que rodea la casa. Todos saben y hacen su trabajo; unos ordeñan y otros preparan el desayuno, rutina de las fincas ganaderas, movimiento sin afán.  
En el desayuno, el tema principal es la fiesta de 15 que le realizarán a su hija en el siguiente año, todos imaginan el trajín de la celebración y me invitan a la fiesta. Acepto y me ofrezco a tomar las fotografías.  
Camino al puerto que me conducirá a mi casa, imagino las bestias cargando los preparativos, y a los invitados evadiendo el barro para asistir impecables.
En febrero de 2018, gente de pueblos y veredas, llegamos a la finca "El Cedro" para celebrar los 15 años de una de las cuatro hijas de esta familia. Acabada la fiesta, Yeraldy contó los regalos; 21 peluches, 5 cobijas, 10 lociones, 4 cadenas, 4 toallas, 3 blusas, 1 pantalón y 1`185.000 pesos.