A la zona entre el Río Caquetá y el Río Orteguaza, se le conoce como “entre ríos” estos caballos son de allí. En el verano la temperatura llega a los 38
grados centígrados y las motos hasta donde los conductores sean capaces.
Quebraditas de aguas lentas y silenciosas (algunas represadas) o moyas (nacimientos de agua) sostienen a familias campesinas que viven de la ganadería.
Vacas en busca de agua, caen a huecadas y barrancos donde las encuentran muertas o fracturadas. Los animales de monte se concentran en
bebederos donde fácilmente son cazados; en los parches de bosque que aún quedan, hay borugas, guaras, manaos, chigüiros, pumas, tigrillos y primates
como el “macaco” (callicebus caquetensis) una especie endémica del Departamento
del Caquetá, al borde de la extinción.
Los lomeríos de “entre ríos” dejan ver caminos y potreros
donde la sombra es un instante de nube pasando frente al sol. Allí, un caballo
que cargaba a un campesino durante casi cuatro horas, detuvo su paso;
insolados los dos, descansaron en la sombra de un guayabo. Cruzaban caballos
cargados de queso como cada quincena. Cuando el hombre se quiso montar para
continuar el camino, el caballo tuvo energías para salir al trote.
El hombre y el caballo llegaron cada cual por su
lado. Varias motos transportaban a personas y bultos.
Al lado, los caballos descansaban amarrados a un sombrío de árboles. En cuestión de minutos los caballos
cojudos armaron la pelea; un espectáculo donde se patean y se muerden. Ese
día, incluso, una mula pateó a una muchacha que la cabalgó cuatro horas con
espuela.
Don Miro, promotor de salud, conoce de mulas, caballos,
yeguas, burros, burras, potros y machos. Ofrece dos caballos por una mula, porque
los caballos viven 15 años y una mula vive 30. Él mismo tiene una
mula que recibió de segunda mano a la que le calcula esa edad; es la mula que
lo ha llevado por todas las veredas en las brigadas de salud.
Las mulas son berracas para todo, buenas para echar pata, peligrosas cuando no se le conoce los resabios.
Las mulas son berracas para todo, buenas para echar pata, peligrosas cuando no se le conoce los resabios.
Preparar “miel de purga” para los caballos, es un
juego en el agua por disolver una melaza amarga que los recompensa al final de la jornada. También se les puede lavar el
sudor del lomo para que no se les pele el cuero. Algunas personas no lo hacen
porque “se mal acostumbran y el día que no los puedan lavar, ahí sí se pelan de
verdad”
En temporada de lluvias o invierno, las motos
quedan atrapadas en bodegas, escuelas o casas, y los conductores esperan a que el sol vuelva a tostar
la tierra.
Las quebradas silenciosas crecen hasta donde más
pueden, algunas llegan a hacer ruido y tapar los puentes de madera que comunican a
las veredas. Las aguas se estancan en huecos y se arman barriales donde los
caballos salen con esfuerzo.
Aún con la lluvia, el trabajo de sacar el queso no
para; de este punto de "entre ríos" se recogen 3 toneladas y media de queso cada
quince días.
El hombre del caballo, vino del Valle
del Cauca y vive en el Caquetá hace 40 años. Cuando le preguntaron si el
caballo era muy viejo para caminar, respondió que el camino era muy duro.

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